domingo, 17 de junio de 2012


El progresismo, la Verdad y la Vida
Viernes, 08 de Junio de 2012 00:00
Marcelo R. Necol
(AA) La RAE precisa, en una de sus definiciones, al Progreso como: Avance, Adelanto, Perfeccionamiento. Palabra de uso habitual y amplio eco social, sobre todo entre las débiles paredes del pseudo-progresismo, pregonado sin cansancio por quienes le robaron hasta el aliento al gran ausente que dicen representar: el progreso social. No sabemos dónde está, ni por qué se fue, pero ellos dicen que hablan por él.
Y sí sabemos, que no solo le quitaron la substancia que le daba vida, sino que en su nombre se pretenden realizar las atrocidades más inicuas. Es que las banderas del Progreso verdadero no son las que flamean en lo alto. Se trata de banderas manchadas de ideologías orgullosas de la estulticia que representan; desnaturalización progresiva que no es más que una cabal consecuencia de la falta de Justicia y de Verdad a la hora de discutir temas fundamentales. Esto no es casual: solo bastó con generar el dogma secular de que el "cambio por el cambio mismo" es el auténtico camino, aceptado por tantos con beneplácito y sin algún atisbo de pensamiento crítico que al menos se anime a cuestionar sobre la legitimidad, la necesidad y la oportunidad del mismo. Es que el solo pensamiento dispar para con el régimen del pseudo-progresismo, es motivo suficiente para desacreditar con adjetivos insultantes, a la vez que carentes de toda calidad argumentativa y realidad, a quienes se pregunten si todo es lícito a la luz del nuevo "dogma".
Si tomamos el término de Perfeccionamiento como definición más acabada del Progreso, podremos poner luz sobre ciertas cuestiones de nuestros días. Uno de ellos, y de una importancia medular, es el Fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la interpretación (¿?) que debe hacerse del Artículo 86 del Código Penal en los casos de abortos no punibles. No es la cuestión aquí, meternos en la discusión sobre el Derecho Positivo argentino y la inconstitucionalidad del Artículo 86 del Código mencionado (debido a los Pactos Internacionales adheridos y de jerarquía constitucional), ni sobre la amplitud de la interpretación del mismo, que termina por inventar un nuevo caso de "aborto no punible", sino que, y esto resulta perentorio, se trata de alzar la voz por quienes no pueden o, lamentablemente, ya no podrán hacerlo.
No soy experto en derecho, pero considero de una sensatez y sabiduría admirable aquella enseñanza de Cicerón de que: “No existe en absoluto la justicia, si no está fundada sobre la naturaleza; si la justicia se funda en un interés, otro interés la destruye” (Cicerón, Sobre las Leyes, I, 15). No estamos ante una cuestión banal, es imprescindible advertir la importancia grave que denota: tanto se ha desnaturalizado el Derecho Positivo, sujetándolo a caprichosos "derechos" de unos pocos, que la Ley Natural sufre la alienación y el vituperio propios de sociedades decadentes, destruyendo el auténtico carácter de toda Ley verdadera y justa.
Seamos claros. Nadie niega el ultraje deleznable realizado a la dignidad de la víctima de una violación, el daño causado a la persona en sus esferas psíquica, física y espiritual y el infierno vivido que seguramente supera toda capacidad imaginativa. Ahora bien, en los casos en los que se produce un embarazo:
  • ¿cuál es la solución buscada por los propagandistas del aborto, proponiendo una práctica que no es ni más ni menos que interrumpir el desarrollo normal de un ser humano inocente en gestación?
  • ¿Son conscientes de que se trata de una vida humana, y que la "solución" propuesta a la víctima es terminar con la vida de su hijo?¿Son conscientes que al no exigirse la denuncia, amén de la posibilidad de casos inventados, se está beneficiando al violador, que es el único culpable de delito?
  • ¿Son conscientes de que en el aborto en los casos de violación, se aplica una pena de muerte al hijo del delincuente, que es inocente, mientras que el delincuente hoy cuenta con garantías demasiado generosas?
  • ¿son conscientes de que al realizar un aborto se destruyen dos vidas con seguridad: la del feto (que, recordémoslo, es un ser humano en estado gestacional) y la de la madre por cargarle con el trauma de un aborto y todo lo que significa, incluido el síndrome post aborto que algunos suelen intentar silenciar?
  • ¿son consciente que están discriminando en categorías de personas, al considerar de una dignidad inferior a los embriones y fetos humanos, por su mero estado gestacional y/o por ser hijos de un violador y/o por la situación de su concepción, de la que son inocentes, por más lamentable que sea?
  • ¿Este es el perfeccionamiento social que se jactan de defender en connivencia y con complicidad de jueces, políticos e intereses internacionales?
No existe verdadero progreso social, si a la hora de definir sus parámetros y horizonte, se prescinde de voces importantes, como la de la ciencia. Esta, en relación al inicio de la vida del ser humano, tiene mucho que decir, y mucho más aun, si consideramos que no puede definirse, en toda su magnitud, el valor ontológico del ser humano - cualidad propia, intangible, inalienable y consecuente con su naturaleza y dignidad- sin precisarse previamente su estatuto biológico. Solo así, luego de precisar y definir este estatuto mencionado, podemos definir los otros estatutos, también importantes, que del primero debieran emanar: filosófico, antropológico y jurídico. La Embriología, la Genética Molecular, la Bioquímica y la Biología en su conjunto, son algunas de las disciplinas que aportan la evidencia más clara, y de continua actualización y confirmación, sobre el inicio de la vida humana a partir de la fecundación: evento crítico que pone en marcha un maravilloso y nuevo ciclo vital. Como enseña el Dr. en Biología Gilbert: "La fecundación: el inicio de un nuevo organismo". Este, consiste en la puesta en marcha del desarrollo de un nuevo organismo, ya presente desde el primer estadío, el cigoto, que irá atravesando por diferentes etapas posteriores (mórula, blástula, etc.), hasta llegar al momento del parto. Ni antes del nacimiento ni después, existe condición alguna que modifique la dignidad propia de todo ser humano, ya que las diferentes etapas gestacionales (incluyendo la etapa de pre-implantación) manifiestan, ni más ni menos, que el armonioso, perfectamente coordinado y continuo desarrollo embrionario. Así como un cigoto continúa su desarrollo hacia la mórula, el niño lo hace hacia la adolescencia, sin perder en ningún momento su pertenencia a la especie humana, y su dignidad y valor inmanente que lo caracterizan y le son propios.
Es de esperar que los jueces, y legisladores cuando llegue su momento, no desconozcan o pretendan desconocer, la voz de la ciencia. No esperamos que sean embriólogos eruditos; sí, en cambio, que se instruyan en los más elementales contenidos propios de los temas sobre los que legislan o se pronuncian, y que no olviden que no existen derechos verdaderos, si desconocen aquellos que son fundamentales y pertenecen a la humanidad en su conjunto y a cada persona en particular, y si desconocen, sobre todo, el primero y más elemental valor, que es el de la vida.
Por tantas voces silenciadas, por los innumerables rostros sin nombres y nombres sin sueños que descansan en el olvido intencionado de muchos, hoy levantamos nuestra voz, y abrazándolos en la memoria incorruptible, que es la del corazón, miramos esperanzados el país del mañana que soñamos, aquella Nación que por antonomasia sea solo Verdad y Vida. 
 

un gran aporte a la educación argentina...


jueves, 7 de junio de 2012

Familia y Escuela



    familia-y-escuela

La familia es escuela del auténtico humanismo donde se va fraguando el desarrollo integral de la persona y sus relaciones humanas.
Los padres como primeros educadores tienen en sus manos la noble y comprometedora tarea de educar y orientar en los valores que dan sentido a la vida de sus hijos, creando un clima adecuado como ámbito de personalización, maduración personal y socialización, sabiendo que un desarrollo bio-psico-socio-espiritual sano, conlleva a la plena realización de la persona.

Por otro lado la escuela , primer ámbito donde el niño amplía su socialización, establece los primeros vínculos con el objeto de conocimiento y va desarrollando sus primeros aprendizajes sistemáticos ; debe brindar al niño y a la familia la contención y orientación necesaria para un desarrollo pleno e integral.
Familia-Escuela constituyen un binomio inseparable y ambas deben caminar en la misma dirección apuntando a la formación integral del niño.

lunes, 28 de mayo de 2012


PREOCUPANTE INIICIATIVA DEL MINISTERIO DE EDUCACION

    PREOCUPANTE INIICIATIVA DEL MINISTERIO DE EDUCACION
El pasado 07 de Mayo se han dado a conocer dos nuevas propuestas del Ministerio de Educación de la Nación (realizadas en conjunto con el INADI) vinculadas con una "guía para niños, niñas y adolescentes" y "para docentes" en el tema Educación Sexual.
La Secertaria Ejecutiva de la Comisión Episcopal de Educación, Dra. Marí­a Inés Franck, ha elaborado un análisis detenido de las mismas. Dice entre otras cosas, en dicho trabajo:

Ideología de género, errores jurídicos y ofensas contra la libertad de creencia. Además de la retórica imbuida de la ideología de género, las autoras (Romina Kosovsky y Andrea Majul) incurren en graves errores jurídicos y apreciaciones que ofenden a gran parte de los argentinos. -

Descalificación de la familia tradicional. Al hablar de las familias, nuevamente el INADI atribuye a una determinada categoría de personas una intención discriminadora: “Pensar en familias hoy, es pensar en muy distintas conformaciones, es por eso que atendiendo a la importancia del lenguaje, es inexacto hablar de la ‘familia’ en singular cuando se está nombrando a una institución de carácter tan fundacional y diverso a la vez. La utilización del singular en realidad posiciona a un modelo por encima del resto, reforzando un estereotipo, estableciendo una estructura jerárquica donde no se hace presente la diversidad, complejidad y riqueza de la sociedad misma” (página 25).
 ver mas en:

Arzobispado de Buenos Aires
 OFICINA DE PRENSA

HOMILÍA DEL SR. ARZOBISPO DURANTE EL “TE DEUM” EN LA
  CATEDRAL METROPOLITANA

“Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó. “”¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor, y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.” El escriba le dijo. “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que El, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.”Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.” (Mc. 12: 28-34)

La celebración de mayo de 1810, en este sexenio del bicentenario de la Patria, nos remite una y otra vez a los fundamentos de nuestro convivir diario familiar y social y, por tanto, sociopolítico también. Aquellos primeros movimientos y acuerdos básicos dieron comienzo a un proceso, a un torbellino de sucesos que generaron la independencia posterior de la Nación en la que hoy habitamos y en la que queremos ser ciudadanos protagonistas.

El Evangelio que acabamos de escuchar nos acerca a una situación de repentina pero profunda comunión de sentimientos justo en momentos en los que en torno a Jesús comenzaron a darse muchos desacuerdos en su contra: los del poder de turno, los de los religiosos y de una parte de la multitud que empieza a distanciarse o serle indiferente.

Un escriba, por tanto alguien poco propenso a acordar con el Maestro de Nazareth, se le acerca con curiosidad, más intelectual e inquisidora, a probar su solidez doctrinal. Pero se lleva una sorpresa: no sólo se encuentra con un compatriota que conoce la justicia de Dios sino que además tiene un corazón noble. Se encuentra con alguien que lo invita a la plenitud: “no estás lejos del Reino de los cielos”. El potencial antagónico se ve enaltecido al mismo nivel de hermandad por pura invitación y estima de aquel corazón noble de Jesús el Maestro, quien le ofrece la comunidad del Reino para su plenitud. Sólo la nobleza de corazón, de un corazón que no puede dejar de amar, tal como lo anuncia el mandamiento sobre el que dialogan, puede tender puentes y vínculos. Sólo el amor es plenamente confiable o, al decir de la Doctora del amor, Santa Teresita, “es la confianza y sólo la confianza la que deberá conducirnos al amor”.

Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades de los hombres, nuestros padres de Mayo, con sus muchas diferencias y errores, apostaron a la confianza mutua que es raíz y fruto del amor. La confianza de poder poner las bases para conducir nuestro propio destino y todo lo que simbolizamos como Patria y Nación. Y sin enunciados previos, un verdadero amor social se fue dando en el sacrificio diario de la construcción de esta Nación. Sangre y trabajo, renuncias y destierros llenan las páginas de nuestra historia. Aun oponiéndose el odio fratricida y las ambiciones particulares que traban y atrasan, no hacen sino confirmar que el amor a aquel proyecto fundante iba llevando a cabo este sueño de ser argentino. Inconcluso o truncado, herido o debilitado, el sueño está ahí para seguir siendo realizado y el Evangelio que hoy nos ilumina nos recuerda el amor fundante.

Un amor que exige “todo tu corazón y tu alma, tu espíritu y tus fuerzas” porque Jesús sabe, como lo sabían los sabios de Israel, que quien ama así a Dios no teme hacerlo con los demás, le sale solo y ligero. Los que aman con todo su ser, aun llenos de debilidades y límites, son los que vuelan con ligereza, libres de influencias y presiones. Quien no ama de “corazón y espíritu” se arrastra pesadamente entre sus especulaciones y miedos, se siente perseguido y amenazado, necesita reforzar su poder sin parar ni medir las consecuencias.

Jesús no da sólo un mandamiento en el sentido más común de la palabra sino que proclama la única forma de fundar un vínculo y una comunidad que sea humanizadora: el amor gratuito, sin reclamos, que es consistente por convicciones, que siente y piensa a los otros como prójimos, es decir como a sí mismo. Es cierto que resulta difícil encontrar un ser humano que no sienta la necesidad, la carencia o el deseo dirigido al amor, pero también es verdad que nuestras limitadas condiciones siempre lo estrechan y repliegan a los propios intereses. El amor que propone Jesús es gratuito e ilimitado y por ello muchos lo consideran, a El y su enseñanza, un delirio, una locura y prefieren conformarse con la mediocridad ambigua… sin críticas ni desafíos. Y esos mismos predicadores de la mediocridad cultural y social reclaman, cuando sus intereses se ven afectados, actitudes éticas  por parte de los demás y de las autoridades. Pero ¿en qué se puede fundar una ética sino en el interés que “el otro” y “los otros” me despiertan desde el amor como convicción y actitud fundamental?, es decir desde esta “locura” que Jesús propone.

Esta “locura” del mandamiento del amor que propone el Señor y nos defiende en nuestro ser aleja también las otras “locuras” tan cotidianas que mienten y dañan y terminan impidiendo la realización del proyecto de Nación: la del relativismo y la del poder como ideología única. El relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeiniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios. El relativismo es, curiosamente, absolutista y totalitario, no permite diferir del propio relativismo, en nada difiere con el “cállese” o “no te metas”.

El poder como ideología única es otra mentira. Si los prejuicios ideológicos deforman la mirada sobre el prójimo y la sociedad según las propias seguridades y miedos, el poder hecho ideología única acentúa el foco persecutorio y prejuicioso de que “todas las posturas son esquemas de poder” y “todos buscan dominar sobre los otros”. De esta manera se erosiona la confianza social que, como señalé, es raíz y fruto del amor.

Jesús, en cambio,  manifestó el poder del amor como servicio. Por más que se lo destruya el poder del amor como servicio siempre resucita. Su fuente está más allá de toda indicación humana; es la paternidad amorosa de Dios, fuente inalcanzable e incuestionable. El amor procurado por uno al otro hace que éste no sea manipulado ni malintepretado. Sólo lo superior, el amor de Dios, afianza el poder de Jesús.
Nosotros somos invitados a refundarnos en la soberanía del amor simple y profundo, del amor que hoy escuchamos en el Evangelio, mandamiento que anuda el amor de Cristo y de Dios Padre en los vínculos y la dignidad de los otros amados como “a nosotros mismos”. Pero, en cambio, cuando se utiliza el nombre de Dios para someter y violentar, o a cualquier otra entidad real o ideológica para lo mismo, se cae en pura idolatría y, cuando lo hacemos, no obramos como El obra con nosotros.

Esta fecha patria es un momento propicio para detenernos y preguntarnos por “el corazón, el alma, el espíritu y las fuerzas” de nuestro amor ciudadano y familiar. Ese amor que nos enseña a vivir bien y ayudar en el crecimiento de los otros, que son como nosotros, que merecen el amor como nosotros por ser personas y compatriotas. Ningún sistema o ideología asegura por sí mismo este cuidadoso y justo trabajo político del bien de los otros, de todos nosotros. Para ello hace falta vivir el amor como don preciado e invocado, que inspira la ética y el sacrificio, la prudencia y la decisión. Entonces, ante este mandamiento que pide todas nuestras fuerzas, ante este don que ayuda a fundar nuestra conciencia cívica y política más honda y que, sobre todo, pide un corazón noble, nos hará bien hoy, con coraje genuino, hacer un examen de conciencia y preguntarnos en concreto sobre una realidad cotidiana que precisamente es lo contrario al amor, es consecuencia del desamor: ¿qué nos lleva a ser cómplices, con nuestra indiferencia, de las manifestaciones de abandono y desprecio hacia los más débiles de la sociedad?.

Porque en la voracidad insaciable de poder, consumismo y falsa eterna - juventud,los extremos débiles son descartados como material desechable de una sociedad que se torna hipócrita, entretenida en saciar su “vivir como se quiere” (como si eso fuera posible), con el único criterio de los caprichos adolescentes no resueltos. Parecería que el bien público y común poco importa mientras sintamos el “ego” satisfecho. Nos escandalizamos cuando los medios muestran ciertas realidades sociales… pero luego volvemos al caparazón y nada nos mueve hacia esa consecuencia política que está llamada a ser la más alta expresión de la caridad. Losextremos débiles son descartados: los niños y los ancianos.

A veces se me ocurre que, con los niños y los jóvenes, somos como adultos abandónicos que prescindimos de los pequeños porque nos enrostran nuestra amargura y vejez no aceptada. Los abandonamos al arbitrio de la calle, al “sálvese quien pueda” de los lugares de diversión o al anonimato pasivo y frío de las tecnologías. Dejamos todo a su cuidado y los imitamos porque no queremos aceptar nuestro lugar de adultos, no entendemos que la exigencia del mandamiento del amor es cuidar, poner límites y abrir horizontes, dar testimonio con la propia vida. Y, como siempre, los más pobres encarnan lo más trágico del filicidio social: violencia y desprotección, tráfico, abusos y explotación de menores.

Y también los ancianos son abandonados, y no sólo en la precariedad material. Son abandonados en la egoísta incapacidad de aceptar sus limitaciones que reflejan las nuestras, en los numerosos escollos que hoy deben superar para sobrevivir en una civilización que no los deja participar, opinar ni ser referentes según el modelo consumista de “sólo la juventud es aprovechable y puede gozar”. Esos ancianos que deberían ser, para la sociedad toda, la reserva sapiencial de nuestro pueblo.

¡Con qué facilidad, cuando no hay amor, se adormece la conciencia! Tal adormecimiento señala cierta narcosis del espíritu y de la vida. Entregamosnuestras vidas y, mucho peor, las de nuestros niños y jóvenes, a las soluciones mágicas y destructivas de las drogas (legales e ilegales), del juego legalizado, de la medicación fácil, de la  banalización hueca del espectáculo, del cuidado fetichista del cuerpo. Las encapsulamos en el encierro narcisista y consumista. Y, a nuestros ancianos, que para este narcisismo y consumismo son material descartable, los tiramos al volquete existencial. Y así, la falta de amor instaura la “cultura del volquete”. Lo que no sirve, se tira.

Esta exclusión, verdadera anestesia social, se refuerza, por una parte, con las representaciones identitarias del discurso mediático  de denigración de todo lo que no responda a la ideología de la moda y, por otra parte, con la confusa difusión del modelo del “vínculo líquido”  sin compromiso como nuevo núcleo familiar, para que siga produciendo sujetos que traen al mundo hijos que continúen sintiendo la desorientación de adultos que no saben amar. Abandonan y desamparan reproduciendo así, trágicamente en su descendencia, sus propios vacíos interiores. No nos debe extrañar, entonces, que se expanda la violencia contra los niños e indefensos, debe más bien alarmarnos nuestra capacidad de  mirar hacia otro lado y de hacernos los distraídos, nuestra cobardía.

El vacío de amor, su vulgarización y bastardeo permanente, aun desde algunos discursos pseudoreligiosos, no sólo nos deshumaniza sino que, por ende, nos despolitiza. El amor, en cambio, impulsa al cuidado de lo común y sobre todo del Bien común que potencia y beneficia los bienes particulares. Una política sin mística para los demás, sin pasión por el bien, termina siendo un racionalismo de la negociación o un devorarlo todo para permanecer por el solo goce del poder. Aquí no hay ética posible simplemente porque el otro no despierta interés.

Contemplar la forma en que Jesús vivió y transmitió su mandamiento del amor me inspira una reflexión: daría la impresión de que resulta débil para las pretensiones de potencialidad sin límites del hombre de hoy, quien parece mostrar una sed de poder que huye de toda sensación de debilidad. No soportamos vernos débiles. El diálogo y la búsqueda de las verdades que nos llevan a construir un proyecto común implican escucha, renuncias, reconocimiento de los errores, aceptación de los fracasos y equivocaciones… implican aceptar debilidad. Pero da la impresión de que siempre caemos en lo contrario: los errores son cometidos por “otros” y seguramente en “otro lado”. Crímenes, tragedias, pesadas deudas que debemos pagar por hechos de corrupción…pero, “nadie fue”. Nadie se hace cargo de lo que hay que hacer y de lo hecho. Parecería un juego inconsciente: “nadie fue” es, en definitiva, una verdad y quizás hemos logrado ser y sentirnos “nadie”.

Y respecto del poder: el ejercicio de buscar poder acumulativo como adrenalina es sensación de plenitud artificial hoy y autodestrucción mañana. El verdadero poder es el amor; el que potencia a los demás, el que despierta iniciativas, el que ninguna cadena puede frenar porque hasta en la cruz o en el lecho de muerte se puede amar. No necesita belleza juvenil, ni reconocimiento o aprobación, ni dinero o prestigio. Simplemente brota… y es imparable; y si lo calumnian o destruyen más reconocimiento incuestionable adquiere. El Jesús débil e insignificante a los ojos de los politólogos y poderosos de la tierra revolucionó el mundo.

El mandamiento del amor apunta a que sintamos el llamado a trabajar nuestra capacidad de amar. No es, sin más, un impulso puro de la naturaleza, sino un don que, desde nuestro natural y desde la iniciativa de Dios, nos consolida como personas si le damos cabida y cultivo. En cambio, sin amor el alma se marchita y endurece, se vuelve fácilmente cruel. No por nada nuestros antiguos tomaron el término castizo de “desalmado” para quien no tiene compasión ni consideración al otro. El amor inspira la nobleza en el escriba y en Jesús a pesar de pensar distinto. Y “nobleza obliga”. Jesús abre la puerta a construir el Reino; la confianza mutua, basada en la confianza en lo superior, nos facilita no sólo la convivencia sino el construir común de una comunidad nacional que nos beneficie.

El amor hoy nos invita a proceder sin cortoplacismos, ocupándonos de las generaciones que vienen y no entregándolas a tendencias facilistas. Nos invita a proceder sin relativismos inmaduros, displicentes y cobardes. Nos invita a proceder sin narcotizarnos frente a la realidad y sin psicología de avestruz escondiendo la cabeza ante fracasos y errores. El amor nos invita a aceptar que, en la misma debilidad, está toda la potencialidad de reconstruirnos, reconciliarnos y crecer.

Lejos de ser un sentimentalismo común, y una mera impulsividad, el amor es una tarea fundamental, sublime e irreemplazable que hoy se torna una necesidad para ser propuesta a una sociedad deshumanizada. Lo ha señalado en dos de sus Encíclicas el Papa Benedicto XVI quien nos recuerda que todo el ascenso de la maravillosa fuerza vitalizadora del amor de deseo del hombre no se completa ni ennoblece ni encuentra su real sentido último sin el Amor como Don que proviene de Dios. Sólo así viviremos nuestros esfuerzos, logros y fracasos con un sentido sólido y refundante, aunque sean mezclados y conflictivos como los de mayo de 1810. Ya conocemos hacia donde nos llevan las pretensiones voraces de poder, la imposición de lo propio como absoluto y la denostación del que opina diferente: al adormecimiento de las conciencias y al abandono. Sólo la mística simple del mandamiento del amor, constante, humilde y sin pretensiones de vanidad pero con firmeza en sus convicciones y en su entrega a los demás podrá salvarnos.
María de Luján, modelo de amor, de amor silencioso y paciente, no dejará de acompañarnos y bendecirnos al pie de nuestra cruz  y en la luz de la esperanza.
Buenos Aires, 25 de mayo de 2012
Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

jueves, 10 de mayo de 2012

aprender a enseñar...


No se puede obligar a aprender
Cuando las personas se sienten amenazadas, dejan de aprender.

El profesor debe diferenciar el desafío de la amenaza.
No se puede aprender aquello para lo que no se está preparado.

La sugerencia sería la de tener una idea intuitiva de lo que se irá enseñando y ajustarlo a la respuesta del alumno. El interés del alumno indica claramente su preparación para aprender la enseñanza que se le está proporcionando.

Si el profesor no ejemplifica sus recomendaciones, de poca utilidad será toda prédica que este hiciera.
El aprendizaje tiene su tiempo

Todo aprendizaje demanda un tiempo para ser asimilado.
La "enseñanza" es parte de un contexto de aprendizaje

La esencia del aprendizaje es la creación de asociaciones entre las diversas partes de la teoría sobre el mundo que se activan a la vez consecutivamente, lo que se aprende, queda ligado al contexto que se ha aprendido. Por lo tanto, una de las tareas del profesor es la de variar los rasgos no esenciales del contexto de aprendizaje para que no dominen los contenidos y se fijen los rasgos relevantes.

Las necesidades del profesor

Si el profesor no es comprensivo, difícilmente podrá ayudar a un alumno bloqueado. El profesor debe tener la sensibilidad suficiente como advertir hasta dónde ha llegado el alumno para entender como guiarlo a destino.

Un docente que se identifica con el alumno, acaba proyectando sus deseos en él, entonces el miedo al fracaso puede paralizarlo. Es preferible desear el éxito del alumno antes que necesitarlo.



¿Cómo puede un profesor servir de ayuda, entonces? Puede actuar como un director, guiando un curso en particular, creando situaciones o diseñando secuencias de experiencias. O puede actuar como entrenador, dirigiendo las consecuencias de la acción por medio de la recompensa y el castigo.


Suponiendo que el alumno quiera aprender y el problema consista en que el nuevo conocimiento no se integre, el profesor podrá ayudarle indicándole otros tipos de puentes, a través de los cuales establecer conexión:


1. Puentes lógicos: estrategias de deducción que vinculen los conceptos.

2. Puentes analógicos: la metáfora, esto es, establecer una conexión entre un conocimiento existente que posea alguna característica comparable al nuevo conocimiento.

3. Personal: datos de la experiencia personal, esto es establecer un vínculo a través de la propia existencia.

La pregunta es pues si es mejor el aprendizaje por descubrimiento que el aprendizaje por exposición. Probablemente, la respuesta sea que dá lo mismo en tanto el alumno pueda apropiarse del conocimiento.
La escuela

Debe considerarse que para gran parte de los niños, la escuela es un lugar oportuno para la exploración social. Los amigos, el grupo de pares, son motivación suficiente para concurrir a la escuela en muchos casos. Las relaciones escolares son intensas y tienen una gran importancia en nuestras vidas. Pero la escuela, es también el lugar para aprender, para adquirir conocimiento intelectual. El mejor servicio que un alumno pueda prestarle a un niño es aprender a aprender, desarrollar un conjunto de estrategias útiles para potenciar lo aprendido y desarrollar una actitud de aprendizaje en las diferentes experiencias de la vida.

Bibliografía

CLAXTON, G. (1987), "Enseñar", en: G. Claxton Vivir y aprender, Alianza, Madrid, pp. 213-239.


jueves, 29 de marzo de 2012



"Cualquiera que recuerda su propia experiencia educativa se acuerda de los profesores, no de los métodos y técnicas. El profesor es la persona clave de la situación educativa. El hace y deshace programas"